jueves, 17 de febrero de 2011

Vivo en un país en el que..

A mí hay cosas que no me cuadran sobre Inglaterra y una de ellas es la desproporción que hay con el precio de según qué cosas.Y es que vivo en un país en el que te cuesta lo mismo hacerte un piercing que pagar el abono semanal de transporte. De eso me he dado cuenta hoy que, casualmente, he tenido que cargar la Oyster al mismo tiempo que me he dejado llevar por la modernidad  de Camdem y me he "re-hecho" un piercing.

 Pero es que es cierto, me hierbe la sangre cada vez que tengo que soltar 27 libras para pagar un transporte que cada dos por tres te deja en la estacada. Sin ir más lejos, el otro día... me hallaba yo en la parada del bus a las 11 de la noche, después de una intensa jornada laboral, y tras más de una hora esperando junto a cien personas con la misma cara de incredulidad que yo, apareció un chino y medio en inglés medio en mandarín gritó: NO MORE BUSES, STREET CLOSED, GO TRAFALGAR SQUARE! 

La muchedumbre que allí nos congregábamos decidimos que no teníamos nada que perder por hacerle caso al chino y nos dirigimos hacia donde el hombre buenamente nos indicaba. Pues tenía razón, la calle estaba cortada para los autobuses porque estaban haciendo trabajos sobre la calzada, pero el lumbreras que ordenó la ejecución de esos trabajos no pensó en poner un puto cartel en la parada del bus que advirtiera de que, por más que miráramos el reloj para comprobar que el autobús se estaba columpiando, éste no iba a venir... En fin, THIS IS LONDON, la ciudad con el transporte más caro del mundo y el más pésimo al mismo tiempo.

Dicho lo cual, después de mi pequeño momento de indignación, prosigo con la retahíla de cosas que me resultan inverosímiles sobre este país. 

Vivo en un país en el que se paga el alcohol a precio de oro y donde sin embargo encuentras más borrachos por metro cuadrado del mundo.
Vivo en un país en el que comer fruta no sale a cuenta y en el que con 3 pounds te pones como el Quico de comida basura y chocolatinas con petazetas.
Vivo en un país en el que los zapatos casi te los regalan pero en el que la marihuana cuesta más que el azafrán.
Vivo en un país en el que puedes volar a Barcelona por 26 pounds pero en el que coger un taxi se convierte en algo sólo al alcance de ricos.
Vivo en un país en el que la ropa vintage es superbarata pero donde un café con leche te cuesta más de 2 pounds.
Vivo en un país en el que los anticonceptivos y la píldora del día después te la regalan (no preguntéis, anda)  pero en el que sin embargo ir al cine cuesta 15 pounds por cabeza.
Vivo en un país en el que un paquete de tabaco cuesta más que dos Meals en el McDonlads.


En fin, que vivo en un país que, pese a todo lo anteriormente descrito y donde el sol es el bien más caro de ver, me está dando media vida.

domingo, 23 de enero de 2011

Satsuma


El otro día aprendí que Satsuma es mandarina en japonés. En los casi dos meses que llevo trabajando en este restaurante, nunca me había parado a pensar que su nombre pudiera tener un significado... Y mientras hacía esta profunda reflexión me he dado cuenta de que os debo un post sobre mis compañeros de trabajo. Os aseguro que podría estar escribiendo horas sobre ellos porque ninguno tiene el menor desperdicio, pero os tendréis que conformar con un pequeño esbozo a modo de resumen, ya que sólo me queda una hora de internet GRATIS en el Starbucks (sí, lo habéis adivinado, vuelvo a NO tener internet en mi casa...).


Sr Miyagi

Éste viene siendo el jefazo. El nombre se lo debe a mi querida Piti, que lo ha bautizado como le ha salido de la almejilla. En realidad se llama Derrek (bueno vete tú a saber, por qué los chinos se cambian el nombre según sopla el viento). De hecho yo estuve casi un mes pensando que se llamaba Erik.. Cosas de la pronunciación del inglés, que todavía no le tenía pillada la medida. Es el manager y acompaña cada frase con un movimiento rápido y contudente de cabeza. Yo creo que se cree que es japonés.. sólo le falta juntar las palmas de la mano como si estuviera rezando para meterse más en el papel.

Bach

Éste es el segundo de a bordo. Es turco y resultaba ser un madurito interesante hasta que supe su edad: 33. Los maduros interesantes suelen tener de 40 en adelante dentro de mi escala de valores... pero éste ciertamente aparenta más edad de la que tiene. Digamos que tiene una seriedad sexy... pero tenemos problemas de comunicación porque no hablamos el mismo inglés. ¡Joder! No entiendo ni papa de lo que me dice... De todos modos nos gusta flirtear y eso le pone la salsa a la monotía del trabajo, aunque no sepa que coño me está diciendo.

Thao

Vietnamita. Es super divertido. Baila en el office como si fuera un Back Street Boy. De vez en cuando se arranca por soleares y te canta una canción en español más antigua que mi abuela. Por lo que cuenta, tiempo ha estudió español pero sus lecciones no fueron lo suficente estrictas para enseñarle a pronunciar la R. Cuando quiero reírme le pido que diga Rodríguez o eso de El perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado... ja ja! Él es mi teacher. Me enseña a pronunciar inglés con propiedad y también me está haciendo una inmersión en el SLANG (lenguaje callejero).


Alex

Con éste me lo paso genial también aunque hablamos ingleses diferentes... o eso, o no vocaliza, porque la mitad del tiempo no sé lo qué dice y me duele hasta los carrillos de sonreír como una mongoloide para fingir que estoy entendiendo lo que me dice. Es de Hong Kong y siempre que se dirige a mí dice VERONICA-CA-CA. No se cansa de hacer siempre la misma broma y sólo sabe decir una cosa en español: Me cago en mis muelas. Le he dicho mil veces que los españoles somos más brutos, que eso no lo dice nadie pero... ni caso.

Grace

De Malasia, lesbiana y entrando en los 40. Es la más personaje de todos. Décadas atrás aprendió una palabrota en italiano, MINCHIA, y no para de decirla a todas horas. Siempre me saluda con un HOLA super catalán, pronunciando bien la ELE! Adora la colonia Nenuco y las Yayitas. Cuando vuelva a Barcelona le mandaré un cargamento de colonia y galletas para que no me pase hambre.

Nelson

El más divertido sin duda. Sólo sabe palabrotas en español y no para de encadenarlas una detrás de otra. Desde que le dije que me había operado el pecho me llama PUTAS TETAS. Si mi madre le escuchara hablar, le lavaría la boca con jabón. Un día me dijo que también sabía decir cosas bonitas y ¿sabéis qué me dijo? Te quiero, chúpamela. Es gay y superafeminado, por lo que tenéis que imaginaros todo esto con la máxinma feminidad que os pueda venir a la cabeza. Él es el responsable de la noche de tequilas de la que todos pudisteis dar fe en Facebook. Ahora le ha dado por llamarle a todo el mundo VIEJO y cuando te descuidas te suelta RÁPIDO, RÁPIDO (pero sin tilde, que lo hace más gracioso todavía).



Heidi

De Noruega, un poco bipolar pero supergraciosa cuando habla español porque lo aprendió en México. Dice Alicia que lleva en el restaurante desde antes que se abriera y que la ha visto pasar por todas las fases de delgadez y gordura habidas y por haber. Me hace mucha gracia su nombre... Me la imagino en las montañas con el abuelito y Niebla. Llamadme simple... pero es así. Vive con Nelson y Álex GD, que a continuación os presento.

Álex GD

Es el barman, de Gran Canaria, homosexual (en el Soho das una patada a una piedra y te salen 20), y mi desahogo personal en el restaurante porque cuando me enfado y empiezo a hablar en castellano es el único que me entiende. Es muy majo y también el otro responsable de la noche de tequilas. Espero que sea el único que entienda este post.. jaja! Álex si me lees, te mando un beso enorme (no te chibes de esto al Sr. Miyagi!!).

Doris

De Taiwan, muy graciosa. Siempre va con su blog de notas y cuando no entiende algo en la BBC (en el restaurante tenemos el canal 24h de noticias puesto todo el santo día) se lo apunta y luego lo busca en el diccionario. Digamos que sabe un poco más de inglés que yo así que imaginarons cuan interesantes pueden ser nuestras conversaciones. Yo creo que ella no entiende la mitad de lo que le digo y viceversa pero lo pasamos bien.

Abilio

Medio portugués medio angolés. Es la persona más femenina que he conocido en mi vida pese a ser un hombre robusto y musculoso. Oyéndolo comer nunca jamás dirías que dentro de un hombre tan rudo puede habitar la más delicada de las flores. También es la persona que más veces pestañea por segundo. Casi casi puedes sentir la brisa de su parpadeo cuando te habla. Es buena gente, para llevarte bien sólo tienes que mantenerte alejada de su espacio vital como 3 metros, de otro modo de arrolla sin contemplaciones porque sólo tiene visión frontal y no controla para nada los movimientos de su cuerpo. Por lo demás, todo bien, aunque lo dicho, muy marica.

Christian

Es italiano aunque no sé por qué motivo insiste en decir que es sueco. Tenemos una extraña habilidad: él me habla en inglés y yo le contesto en italiano. Yo vivo con el temor de que un día muera congelado porque los medios días que se queda a comer en el trabajo y no se va para casa, se echa una cabezadita en el comedor de abajo, donde el aire está puesto a tope. También corre el peligro de que los cocineros, de los cuales no me fío un pelo, lo corten en sashimi o lo metan dentro de la tempura.

Cristina

Italiana también y la persona que peor habla el inglés del mundo. No puede desconectar ni un momento de su nacionalidad... alarga todas las palabras tantísimo que nadie es capaz de entenderla. Un ejemplo ilustrativo sería WHAT. Ella en lugar de pronunciar más o menos "wot" dice WATTTAA. Tendrías que ver la cara de tontos que se le pone a sus interlocutores. Yo creo que en realidad a ella el inglés le importa dos cojones y por eso ha decidido inventarse otro idioma. De otro modo no entiendo cómo puede hablar así.

Loren

Loren es francesa y no lo puede negar. ¡Tiene cara de francesa, con boca de pitiminí y todo! Me río mucho con ella porque es super inocente y a Thao y a mí nos gusta tomarle el pelo. Lo mejor de todo es como afrancesa todas las palabras. Cuando dice Sorry.. suena tan french... sourrí! ¡jaja! Es la caña, todos lo flipamos el día que fuimos de fiesta y se desmelenó. Oh la lá!!!

Kevin

De éste no os puedo contar demasiadas cosas porque es el gran enigma. Es chino, eso sí que lo sé, más que nada por los ojos y porque habla con los de la cocina como si estuviera enfadado. Sólo os diré que parece Speedy González, siempre corriendo... Me estresa mil. Además lo quiero hacer todo, como si sólo trabajara él en el restaurante. Yo creo que le han inyectado la droga esa de Crank y que si se le bajan los niveles de adrenalina en la sangre se muere.

Ling

Esta ni siquiera sé de dónde es. Seguramente china pero no pongo la mano en el fuego... He coincidido poco pero lo suficiente para deciros que parece recién salida de un dibujo manga. La he observado comiendo y tiene un comportamiento raro con la cuchara. Primero coge la comida con la cuchara y luego de la cuchara se la pasa a los palillos. ¿Es raro o no? ¡Nena, con lo fácil que es comer con tenedor!

Y estos son todos los locos bajitos con los que trabajo. Espero que conocerles haya resultado tan placentero como me ha resultado a mí.

martes, 4 de enero de 2011

Mi vida sin internet

Mi estancia en Londres me está haciendo ver cuanto dependo de una maldita conexión a internet. De repente nos hayamos 8 ciberadictos tratando de recordar cómo eran nuestras vidas antes de que nos extirparan la capacidad de estar conectados al mundo a través de un ordenador. Un buen día nos sorprendemos diciendo: Cuando tengamos internet… Parece que estemos construyendo sueños imposibles como el crédulo que aguarda su fortuna guardando con recelo un boleto de la lotería. ¿Os dais cuenta de que hablamos de internet como si fuera algo imposible? Dice María. Yo empiezo a pensar que nunca más voy a poder relacionarme a través de la red, consultar mi cuenta bancaria o simplemente escuchar mis listas de reproducción del Spotify. Ni siquiera sé en qué capítulo de Gossip Girl me quedé o qué cara tienen mis padres porque no consigo recordar cuándo fue la última vez que pude conectarme al Skype.

Sea como sea, mi vida sigue sin internet, tan sólo leves bocanadas de aire fresco en forma de conexiones furtivas en los bares con wifi me permiten mantener viva la esperanza de que un buen día llegaré del trabajo y podré ver cómo transcurre mi vida sin mí en Barcelona a través de mi portátil.



Tengo muchas cosas que contar, prometí hablaros uno a uno de todas las personas que han entrado en mi vida desde que he llegado a Londres pero no puedo pasar por alto que he pasado mis primeras Navidades fuera de casa y ni siquiera tengo la sensación de que ha sido Navidad. Quizás sea mejor así, iban a ser unas Navidades un tanto extrañas de todos modos así que puestos a acumular historias inverosímiles os contaré que cociné pavo para mil personas en noche buena, que recibí el nuevo año perdida por la ciudad, caminando durante dos horas entre la muchedumbre y sin batería en el móvil para localizar a mis amigos. Cuando mi móvil decidió darme una tregua para rescatar un teléfono de la agenda, me metí en una cabina que se tragó un pound detrás del otro y justo en el instante que conseguí hablar con alguien, eran las 12 en punto, el minuto cero del nuevo año que yo recibía como si nada dentro de una cabina que apestaba a orín, ajena al jolgorio que se vivía junto al rio Támesis con fuegos artificiales de mil colores incluidos.


Tras una gran caminata durante la cual me tuve que quitar de encima cientos de borrachos que se ofrecían para acompañarme a donde fuera, logré reecontrarme con mis amigos los cuales me habían prometido una noche loca en un rave a las afueras de la ciudad que yo ya empezaba a imaginar como algo casi tan imposible como tener Internet en casa. Para cuando conseguimos llegar al polígono yo ya iba tan borracha que apenas recuerdo haber estado media hora dentro de la fiesta. Las 8 horas previas trabajando más las 2 horas siguientes de caminata hacían mella en mi cuerpo por lo que decidí acostarme en la parte trasera del coche sin saber que horas después me tocaría conducirlo debido al estado de embriaguez del conductor titular.


Toda aventura conducir un coche que tiene el volante a la derecha y con el cual debes circular por la izquierda y tomar las rotondas por el lado contrario al que tu instinto te empuja una y otra vez a seguir. Si a eso le sumamos que tenía que prestar atención al GPS y a que mi maltrecho copiloto no me vomitara encima, podemos hablar del viaje más trepidante de mi vida, sin dejar de mencionar el extraño comportamiento que adquiría al coche cada vez que desembragaba: se calaba sin dar más explicación. Por lo que todo ello, si añadimos los grandes badenes que presentan las calles del extrarradio de Londres y que mis capacidades psicomotrices no eran todo lo buenas que hubiéramos deseado… hace que la noche se resuma en algo más que en un surrealismo bizarro del que no logramos despertar hasta dos días más tardes.

Y esto es lo más destacado que puedo contaros de mi dulce Navidad. El capítulo nochebuena tampoco tiene desperdicio pero eso me lo reservo para mí, ya que mi vida sexual y mi experimentación a la australiana podría herir ciertas sensibilidades.

XOXO.                 

viernes, 17 de diciembre de 2010

Connecting people

1,2,3… probando, probando…

Bueno, parece que todavía conservo la capacidad de teclear algo intelegible a través de mi viejo portátil. Llevo días desconnecting people total pero tengo razones de peso que me excusan sobradamente de haber abandonado mis obligaciones con mi diario de abordo sobre esta little adventure:

1. Mudanza
2. Trabajo

Y es que, finally, puedo decir que esta ciudad no va a poder conmigo: ¡tengo trabajo y tengo casa! Ahora que tengo donde caerme muerta y que puedo pagarme la Oyster y el alquiler con el sudor de mi frente y no a espensas del Estado, empieza de verdad mi vida real en London City.

Sobre el trabajo puedo decir que ha sido una semana francamente dura. Después de 58h trabajadas, he tenido la sensación de vivir dentro de un restaurante japonés, cuya gerencia china me lleva desconcertando desde el principio. ¿Es que no hay japoneses que monten restaurantes japoneses?

Tanto o más desconcertantes son mis compañeros pero sobre sus extravagancias os iré hablando poquito a poco porque ninguno tiene desperdicio, por lo que se merecen un post a parte. A su debido momento también os hablaré del chef, el único japonés presente en la sala y al cual tanto arroz le debe de estar produciendo un estreñimiento crónico, lo cual explicaría su bipolaridad y su capacidad de dirigirse a mí gritando una sarta de vocablos en alguna lengua extraña que quizás el ser humano no haya descubierto todavía. Y es que el muy cabrón siempre me pilla cuando me equivoco tratando de averiguar qué jodido acompañamiento va con el jodido pollo con curry o lo que quiera que sea esa badofia.

You must listen!!! Chicken curry katsu with salad en miso soup!!! (creo que eso es el único inglés que sabe). Dios.. take it easy man! Realmente da miedito el enano greñudo cuando grita desde la cocina…

En cuanto a la casa, lo más destacable es que me he mudado a donde Cristo perdió la alpargata. La buena noticia es que vivo en una habitación doble para mí solita en una casa típica inglesa con jardín y…¡OJO! SIN MOQUETA!!!! Lo del jardín es puramente anecdótico porque el jodido tiempo londinense no creo que me permita gozar de muchas barbacoas bajo el dulce y confortable calor de una puesta de sol tardía.

PD: Para la tranquilidad de mi familia, amigos y otros allegados, adjunto fotografía de mi habitación, donde podréis comprobar que no falta ningún tipo de confort.






viernes, 19 de noviembre de 2010

Sushi para principiantes

Escusez moi, tengo mi blog super olvidado pero es que ¡la vida de aspirante a currelas es dura! Llevo varios días inmersa en la ardua tarea de entregar currículums y finalmente parece que voy a obtener mi recompensa. Esta tarde tengo el trial en un restaurante japonés del Soho al cual fui a cenar una de mis primeras noches en Londres. Mi ojo avizor no pudo dejar pasar un pequeño detalle: el camarero mulato que nos sirvió el vino. Ni corta ni perezosa dije: ¡Yo tengo que trabajar aquí! Total que días después me propuse encontrar el restaurante para entregar el C.V y no hubo manera hasta que mi querido GOOGLE me echó una manita y al fin lo encontré, entregué mi vitae y horas después me convocaban para una interview.

Faena tuve para entender al gerente que es japonés y habla un inglés muy samurai. Bueno lo importante lo capté: sueldo, dress code y poco más, bueno sí, también algo de que me puedo llevar comida (eso no sé si lo dijo o lo imaginé...). Hoy voy dos horitas de prueba y si no lo hago demasiado mal, empezaré a currar a partir de diciembre. Espero no liarme entre sushis, sashimis y nigiris... y el mulato, que el día de la entrevista iba marcando bíceps con las cajas de cerveza. ¡Oh My Gosh!


Por lo demás, todo transcurre con completa normalidad. La lluvia de Londres casi no moja, así que ya prescindimos del uso del paraguas (la gente que vive en Londres no lleva paraguas, sólo los turistas) así que no lo llevo tan mal. Lo único es el tema de los pedos, colega, que no puedo con ellos. La gente es cerda, cerda... No paro de ver peladuras de plátanos tiradas por doquier... en el bus, en el metro. Aquí la peña donde caga deja la mierda, más explícito no se puede ser. Literal, literal.

Lo que más me gusta de Londres es el otoño de sus parques... me paso horas paseando por ellos y me encanta el olor de las hojas de los árboles mojadas en el suelo y como crujen cuando las piso mientras pienso en cuantas personas echo de menos en Barcelona, que en los últimos meses han sido lo más importante de mi vida.  Echo de menos tantos abrazos que en una semana, cuando esté ahí, los quiero todos. Un mes pasa volando pero se dejan de dar y de recibir muchos abrazos y yo los quiero todos.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La extraña manía de hacerlo todo al revés

Mi extraña dislexia no me permite hacer movimientos instintivos hacia el lado contrario al que he aprendido y eso es muy jodido en Londres. Me explico: por mucho que en el suelo ponga que mires hacia la derecha o hacia la izquierda, siempre acabo mirando a donde me da la gana lo que conlleva un grave riesgo de muerte súbita por atropellamiento. Y, claro está, cuando dije que me venía a Londres a vivir mi vida al límite, me refería a cosas como lamer el cuchillo de la nocilla o quitar el usb del ordenador sin el modo seguro, pero no a morir atropellada por un autobús rojo de dos pisos cuya empatía por los disléxicos que no sabemos cruzar es cero.

Otra cosa, íntimamente relacionada con la anterior, es lo del volante a la derecha. Al principio vivía acongojada al sentirme rodeada de coches que se conducen solos y pensaba que en un momento u otro iba a aparecer Michael Knight con su coche fantástico. ¡Eso sí que sería vivir al límite! Total, que harta de vivir con el temor de semejante aparición o de levantarme cuando llegaba el metro del otro andén pensando que al entrar por la izquierda era el mío, he ido asumiendo poco a poco que lo mejor es mirar a ambos lados, just in case, que estos ingleses ponen las normas pero los no ingleses, que debemos ser el 90% de la población, nos las saltamos.


martes, 2 de noviembre de 2010

It's autumn time

Todavía no hace frío en Londres y hoy me apetecía pasear por St James Park. El otoño se palpa en el ambiente e incluso los pelícanos salen de sus guaridas para interactuar con los turistas que flipan con las ardillas mientras yo sigo flipando por ver un pelícano campando a sus anchas por un parque que, pese a no ser el más grande de Londres, le da mil patadas a mi querida Ciutadella.

Lo que no deja de sorprenderme es ver cuervos por doquier vacilándole a las palomas. Siempre me han dicho que los cuervos traen mal fario pero voy a tener que dejar de ser tan supersticiosa puesto que en Londres hay más cuervos que palomas. Además ayer se me rompió un espejo y hoy mi suerte no es peor que la de ayer.